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'Miserias de la guerra': El Baroja irreductible y atrabiliario
En esta novela, 'Miserias de la guerra', aparece el Baroja irreductible, atrabiliario en sus juicios de senectud y sus retratos inmisericordes de los políticos de la II República.
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29 de abril de 2006. El Baroja irreductible, atrabiliario en sus juicios de senectud y sus retratos inmisericordes de los políticos de la II Republica aparece en esta novela guardada en un cajón durante cincuenta y cinco años y de la que los estudiosos de don Pío Baroja habían dicho casi todo y casi nunca en la misma dirección.

Esta Semana Santa leí por fin la novela de Don Pío Baroja presentada a la censura el año 1951 y guardada desde entonces en varios cajones y diferentes versiones, Miguel Sánchez-Ostiz lo explica muy bien en el posfacio que acompaña a la obra.

Lo primero que llama la atención es la cortedad de una censura incapaz de ver el verdadero sentido de una obra que carga fundamentalmente contra la actuación del bando republicano en Madrid con todo lujo de detalles en los que no faltan los truculentos. El Madrid, de corte a checa de Agustín de Foxá hubiera tenido un efecto menor propagandistico al venir de donde venía. No estoy de acuerdo con los que afirman que esta parte concebida como la trilogía de Las saturnales era de imposible publicación en la época por un supuesto reparto de responsabilidades entre "los hunos y los otros" de Unamuno.

Sin la cortedad de mira de los censores hubiera sido una obra de propaganda a favor de la España nacional formidable, pero sobre todo una indudable deslegitimación moral de la revolución en las filas republicanas. Mucho más viniendo de uno de los indomables autores del 98. Sospecho que aparte de la actuación de una censura miope hubo algún que otro factor que impidió su publicación y que se me antoja cercano al propio autor. La censura cortaría, como se afirma, quinientas líneas del manuscrito dejándolo irreconocible, pero yo creo que viniendo de quien venía, no hubiera sido un obstáculo insalvable. Algunos de los estudiosos de Baroja han apuntado la presión del entorno sobre una obra que de publicarse en la época habría empañado para los mas barojistas que Baroja su currículo.

Sea como fuere la obra, que no es el Santi Andía ni El árbol de la Ciencia, no deja de tener interés para conocer a un autor que nunca deja indiferente al lector. Es verdad que los peores rasgos de ese no estilo de Baroja aparecen como si quisieran dar la razón a los detractores que se pasaron la vida achacándole su mala escritura. A veces da la impresión que don Pío se alía con sus enemigos de limpieza literaria para darles explicar una por una sus "errores". Así en sus tres primeras partes el lector queda envuelto en un halo de confusión, en el que las continuas idas adelante y atrás en el tiempo y la mezcla de narración, diario simulado y opiniones al hilo de los personajes históricos, hace inevitable que aparezca la sombra de la decadencia de un escritor, afectado por los achaques de la edad y sostenido por la manía irrefrenable de la escritura.

Miguel Sánchez–Ostiz, que acaba de publicar Pío Baroja, a escena, Ed. Espasa. Madrid. 2006, y que publicó anteriormente Derrotero de Pío Baroja, Ed. Alberdania y Opiniones y paradojas, Ed. Tusquets., califica en las páginas insertadas al final de la obra de acontecimiento literario la publicación de esta novela de cajón de la última época del escritor vasco en la que se reiteran sus conocidas posiciones sobre la Guerra Civil recogidas profusamente en Aquí París, Desde el exilio, Ayer y hoy y La guerra civil en la frontera. Imprescindible para barojianos, descreídos y demás ralea no dejan de aparecer las perlas humorísticas tan características de la socarronería de don Pío algunas de las cuales inserto a continuación:

"-Ya se sabe lo que ha dicho Einstein -dijo el amo de la tienda. -¿Qué ha dicho?. -Que todo es relativo. -Esta es una frase de don Hermógenes en una comedia de Moratín -replica Goyena-. ¿Usted cree que por decir una vulgaridad así, alguien se hace célebre?" (Pag 108).

Tras contar una anécdota de Portela Valladares, según la cual se enzarzó a golpes con un cochero que había estado a punto de atropellarle, uno de los personajes afirma:

"-Eso está bien. Da la impresión de un hombre capaz de la acción y la reflexión." (Pag 110).

Al nombramiento del gobierno de José Giral del 19 de julio de 1936 se lo despacha así: "En Madrid se constituyó un nuevo gobierno presidido por un señor farmacéutico" (Pag 122).

Y como no. En una obra de Baroja no podían faltar las alusiones a "las ideas de portera" que en el caso de la pag. 309 aparecen reforzadas por la dinamita barojiana de la incorrección política contra papanatas: "Todo eso es mitología para las porteras y los invertidos". Le faltó para rematar la faena el toque misógino que nunca tuvo, pero que a falta de mejores argumentos le achaca todo aquel que no le ha leído.
Medio: 
Libros asociados:
        El árbol de la ciencia
        Las inquietudes de S. Andía
        Aquí París
        La Guerra Civil en la frontera (Memorias VIII)
        Miserias de la Guerra
Fecha: 29/04/2006
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