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Detalle del Artúculo
La inédita 'Miserias de la guerra' de Pío Baroja ve la luz en el cincuentenario de su muerte
La novela, escrita entre 1949 y 1951 , recoge la visión crepuscular que tenía el donostiarra de la Guerra Civil y del final de la contienda. La obra tiene un fuerte componente autobiográfico
SAN SEBASTIÁN. DV. La publicación de la obra inédita de Pío Baroja Miserias de la guerra es un acontecimiento literario y para el escritor Miguel Sánchez Ostiz, responsable de su edición, tiene «una gran magnitud» porque se trata de «una pieza imprescindible en el rompecabezas barojiano». El autor navarro considera que «no nos podemos acercar a la obra de Baroja, sobre todo a la crepuscular, sin pasar por ese libro». La tirada de la primera edición, que ya se encuentra en las librerías, ha sido de 10.000 ejemplares y según explica Pío Caro Baroja hijo, uno de sus herederos, «por primera vez, antes de publicarla ya teníamos vendidos 5.000 ejemplares. Está claro que Pío Baroja sigue vivo y se demuestra con datos: de El árbol de la ciencia se venden al año alrededor de 40.000 ejemplares».

En 1951, Pío Baroja presentó a la censura esta novela sobre la Guerra Civil española. Entonces, la censura tachó tal cantidad de fragmentos que la hicieron impublicable. Entre las razones de esta actitud se hablaba de la contundencia de los juicios y de las opiniones que le suscitaban los dos bandos, su actitud independiente ante el conflicto y sus consecuencias sociales, su denuncia de la barbarie de unos y otros, y su desesperanza radical hacia el país, expresada una página detrás de otra.

Miserias de la guerra está formada por escritos, compuestos y recompuestos, de los años comprendido entre 1948 y 1951. Sánchez Ostiz explicaba ayer a los medios de comunicación que «tengo dudas sobre si escribió algunas páginas algunos años antes, pero lo fundamental es lo que ahora se recoge». Ya en una carta escrita a su amigo Juan Gamecho le hablaba de un ciclo de novelas sobre la contienda.

Repasando las páginas se comprueba que en esa época Pío Baroja, a pesar de tener alrededor de 80 años, seguía siendo un escritor compulsivo y «no tira la toalla cuando se da cuenta de que su literatura no era la del momento, algo de lo que ya se había percatado en 1935 en conversaciones con Ramón J. Sender». Cuando volvió del exilio se encontró con un Madrid totalmente distinto, donde primaba la literatura de falangistas como Rafael García Serrano, la más preciosista de Sánchez Mazas y, del otro lado, empezaban a aflorar nombres como Carmen Laforet, Sánchez Ferlosio o Goytisolo. El hecho de estar pasado de moda no lo amedrentó y permaneció fiel a su estilo «y también prisionero de él, pero es lo que le da profundidad».

En Miserias de la guerra aparecen múltiples datos de la biografía de Pío Baroja, de antes de marcharse de Madrid y de su vuelta. El personaje de Juan Elorrio está tomado de su entorno inmediato, como los miembros de la tertulia de la librería Tormos, la de la calle Jacometrezo, que era llamada El club del Papel, y los de la tertulia de su casa de la calle Ruiz de Alarcón.

Sencillez

Para la narración, Baroja recurre a su estilo habitual, con una obra que se desmembrana en ocho partes más un epílogo. «Esta estructura novelesca le atraía porque resultaba sencilla para la lectura, su verdadero objetivo», explica Sánchez-Ostiz. Se trata de la traslación del diario personal de Carlos Evans, un militar y diplomático inglés que vivía en el Madrid cercado, que por distintos avatares llega a manos del narrador. Algunas de sus opiniones son directamente pensamientos de Baroja. Después, Evans se traslada a París y en esa parte se basa en unas epístolas escritas por Will, el chófer de la embajada, y de otros testimonios. El estilo de diario funciona mejor en otras novelas porque, según opina Sánchez-Ostiz, no hay que olvidar que se trataba de un hombre de 80 años al que faltaba el vigor de Zalacain, el aventurero.

De la novela no existe un manuscrito definitivo. El responsable de la edición cree que son dos, fechados en 1950 y 1951, más una tercera versión que fue la presentada a la censura y la que ha llegado a la actualidad plagada de tachones.

El fondo de Miserias de la guerra es «un poco tremendo en lo que respecta al propio Baroja porque tenía una visión muy pesimista de España. Daba igual de quién hablara, rojos o blancos, el se refería a la barbarie en sí; pedía un mayor espíritu nacional porque consideraba que por su carencia, la gente no intentaba solventar los problemas. Detestaba a los republicanos, a los socialistas, a los comunistas y, sobre todo, a los falangistas». Fue esa visión negativa de la realidad la que recibió censura.

Una percepción del mundo que le rodeaba que fue transcrita con gran precisión: «Era algo que le obsesionaba, ser fiel a los más mínimos detalles. Su novela es todo un anecdotario de los primeros momentos de la Guerra Civil española. El comienzo es como un documental periodístico que hablaba de la dificultad de conseguir leña o comida, el precio de los alquileres y aspectos similares. No quería dar gato por liebre»

Para Sánchez-Ostiz, «por encima de unos y al margen de otros. Creo que ésa es la razón por la que la historia le atropelló. La vida en el exilio le resultó funesta, le hizo mucho daño y volvió envejecido y más descreído».
Medio: diariovasco.com
Libros asociados:
        Miserias de la Guerra
Fecha: 31/03/2006
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